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Te Quiero Verde

January 19, 2017

¿De qué sirve una casa si no se cuenta con un planeta tolerable donde situarla?

 

Henry David Thoreau

 

 

Hay sensaciones que suelen ser recurrentes para los amantes de la naturaleza. La alegría de conocer un nuevo sitio o especie, la emoción quitasueños (muy de chiquillo) la noche antes de una gira prometedora, o incluso la tristeza de volver a la ciudad y reflexionar sobre el gran daño que le hemos ocasionado a la naturaleza para expandir nuestra civilización. Este último fenómeno no termina nunca de impactarme, pasar de escuchar los melodiosos sonidos, el refrescante aire y las cristalinas aguas de un bosque tropical a contaminarse con los paisajes saturados de publicidad y las caras largas y desconfiadas de las apresuradas personas habitando una ciudad gris.

 

Afortunadamente aún nuestras ciudades cuentan con algunos últimos parches de vegetación sobreviviente que refrescan y traen gran alegría a los habitantes humanos que las visitan. Por algún tiempo llevo visitando dos lugares cercanos a mi casa: La Zona Protectora Río Tiribí y las Instalaciones Deportivas de la UCR y sus fincas aledañas. Este último lugar, ha suplido por años a la comunidad de Montes de Oca de un sitio para la recreación, el deporte y actividades de campo. Por los servicios sociales y ambientales tan beneficiosos que este sitio nos provee, quiero dedicarle este primer artículo del 2017.

 

De entrada, no es necesario caminar mucho para que los impresionantes nidos de Oropéndola de Montezuma (Psarocolius montezuma) nos hagan voltear la cabeza hacia arriba y admirar su compleja construcción y pues inevitablemente a sus constructores que con su vuelo pesado, colores llamativos y sus cantos particulares llaman la atención de cualquiera. Adentrándose a las cercanías del estadio ”Ecológico” nos es posible apreciar aves como  los Yigüirros (Turdus grayi) que en tan solo unos meses comenzarán con sus melodiosos cantos que tradicionalmente son interpretados como el inicio de las primeras lluvias del año que cargaran las tierras y los campos de suficiente agua para mantener viva la vegetación y asegurar buenas cosechas. Algunas otras aves recurrentes en este lugar son los Momotos (Momotus lessoni), las Viuditas (Thraupis episcopus), las reinitas cafetaleras (Basileuterus rufifrons) y los curiosos Cucos Ardilla (Piaya cayana). Los Cucos Ardilla poseen este atinado nombre debido a que realiza saltos y vuelos cortos y rápidos entre las ramas, que sumados a su coloración cafesuzca y su larga cola, confunden a cualquiera haciéndolo creer que se trata de una de las abundantes ardillas que se encuentran merodeando estas fincas.

 

Moviéndonos al bosquecito ribereño que protege el Rio Torres y otras quebradas menores, es donde he encontrado más diversidad. Si buscamos en los árboles más secos nunca nos faltarán los Carpinteros de Hoffman (Melanerpes hoffmannii) y con suerte podremos avistar otras especies como el Carpintero Lineado (Dryocopus lineatus) y el Carpintero Verde-Dorado (Colaptes rubiginosus) rebuscando artrópodos activamente entre las cortezas de los árboles. Incluso, una vez observé un carpintero verde-dorado comiendo insectos en pleno suelo acompañado a los Comemaíz (Zonotrichia capensis), Mosqueros y Vaqueros (Molothrus aeneus). Durante un día con suerte, es posible encontrar lechuzas como el Mochuelo Común o Majafierro (Glaucidium brasilianum) haciendo sus fuertes silbidos que cuesta creer que salgan de una lechucita de tan solo unos 15 cm, o incluso el imponente búho listado (Pseudoscops clamator) aún dormido ya que inicia su actividad al atardecer.

 

Siempre en este bosquecito ribereño he podido encontrar 3 de mis especies de aves favoritas de este lugar, pero en este caso entre la hojarasca: El pinzón nuquiblanco (Atlapetes albinucha), el pinzón orejiblanco (Melozone leucotis) y el Rey de Comemaíz (Melozone biarcuatum). Esta última especie se encuentra en un peligro inminente debido a su reducida distribución geográfica y la continua transformación de la vegetación para dar paso a construcciones, potreros o campos agrícolas. En otras palabras, es un honor poder contar con un sitio que provea de hábitat a tan amenazada especie. Recientemente, estudios sugieren que este tímido pinzón es en realidad una especie endémica de la zona central de Costa Rica, por lo que su protección se vuelve aún más necesaria.

 

Durante los meses de noviembre a abril aproximadamente, este lugar se llena de gran variedad de aves migratorias provenientes de Norteamérica, que tras un largo y exhaustivo viaje encuentran cabida y sustento en su vegetación como un oasis verde. Llamativas aves como el Bolsero Norteño (Icterus galbula), el Colibrí Garganta de Rubí (Archilochus colubris), el Azulillo Norteño (Passerina cyanea), el Picogrueso Pechirrosado (Pheucticus ludovicianus) y variadas reinitas (Parulidae), se suman a la diversa avifauna residente, aportando nuevos colores y sonidos año tras año.

Las instalaciones deportivas de la UCR, así como sus fincas aledañas representan un sitio de sorprendente belleza biológica que contribuye al bienestar general de los jóvenes, adultos y niños que día a día visitan su campus, y sobretodo nos recuerda que la naturaleza continúa resistiendo ante el avance insostenible de la sociedad humana. Es nuestro deber protegerla y exigir su conservación. La protección de la naturaleza es sin duda uno de los actos más nobles y revolucionarios que podemos ejercer, en un sistema que se ha olvidado de dónde venimos.

 

 

 

 

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